Llega el verano, y con ello el calor… y la lactancia evoluciona. Si la lactancia materna ya de por sí es complicada, debido a las inseguridades que nos transmiten desde fuera… estas dichosas preguntas de «¿no se quedará con hambre?», llega el calor y nos puede hacer dudar aún más, debido a un aumento de demanda.
Probablemente tú no te pongas en duda cuando, después de una mañana más calurosa, tengas más sed y por consiguiente bebas más agua. Entonces, ¿por qué los bebés deberían ser diferentes a nosotros?
Con el calor, la demanda de pecho materno aumenta. Para un bebé, no comprende si ha tomado hace X minutos o no. Entiende que tiene sed y su única forma de combatir la sed es volver a tomar pecho.
Los bebés menores de 6 meses únicamente deben tomar leche, ya sea materna o de fórmula, por lo que debería ser evidente que van a necesitar hidratarse cada menos tiempo. Con la lactancia artificial no hay dudas: se le prepara un biberón más y fin de la historia. Pero, ¿con la lactancia materna?
La leche materna es en un 88% de su composición agua. Así que los bebés, que nacen con su instinto muy desarrollado, lo tienen claro: van a pedir más.
Es habitual que el patrón de demanda cambie un poco, y ahora pidan cada menos tiempo, pero el tiempo de la toma también sea bastante más corto.
La composición de la leche materna va cambiando durante la toma, y para resumir un poco, al comienzo de la toma es más abundante en agua, y hacia el final de la toma es más grasa (de ahí surgen los miedos habituales de «¿cómo sé que mi bebé llega a la parte grasa?»).
Entonces tiene todo el sentido del mundo que en verano habrá tomas que el bebé haga habituales para nutrirse, pero aumenten de manera significativa las que solo sean para hidratarse, y por eso serán más cortitas en el tiempo.
Con la lactancia de fórmula, se deberá seguir ofreciendo a demanda, y es posible que tu bebé también haga estas tomas más cortas pero más frecuentes. Lo que sí es MUY IMPORTANTE: la preparación del biberón debe seguir siendo exactamente la misma.
Puede que te llegue el consejo de que metas más ml de agua por cacito, para hacerla más aguada y que hidrate más. Esto es un error. Si hay que preparar un cacito por cada 30 ml de agua, seguirá siempre siendo así, porque de lo contrario podríamos no nutrir suficiente a nuestro bebé.
Sé que al final esto da un poco más de miedo, porque toda esa leche extraída ha costado mucho esfuerzo. Lo ideal sería que la ofrecierais de poco en poco. Es mejor tener leche fresca o descongelada en la nevera e ir calentando de poco en poco según vaya pidiendo el bebé, a preparar todo de golpe y desecharlo. Es importante no obligar al bebé a terminar la toma si no quiere más.
A partir de los 6 meses se puede ofrecer agua siempre que se quiera. Lo que sí debes tener en cuenta es que al principio tu bebé no sabe que ese agua le va a calmar su sed, eso requiere de un aprendizaje. Así que podéis ofrecer agua más a menudo, pero si demanda pecho o biberón, lo ideal sería que se le siga proporcionando, porque es su modo habitual de calmar su sed.
Si ves que la demanda aumenta con el verano y con el calor, no pienses que no estás produciendo suficiente ni que te has quedado sin leche: es algo totalmente normal. Confía en ti, en tu cuerpo y en tu bebé.
